lunes, 13 de octubre de 2008

Aula Precaria. La corrupción, otra vez

Quiero compartir con ustedes este artículo de Luis Jaime Cisneros, peruano ilustre a quien admiro como profesional, como escritor, como persona, como maestro, etc. Me fascinan sus aportes tan pertinentes que me invitan a reflexionar, siempre. Este llega para alumbrar nuestro camino, en medio de esta fuerte tempestad política y moral de nuestro amado país . Disfruténlo :
La corrupción, otra vez

Luis Jaime Cisneros

Cuánto debe aprender la escuela de estos recientes episodios, tristes y aleccionadores, que tanto dañan a la moral y que, bajo distintas formas, van asolando las capas sociales y alimentando la voracidad noticiosa de los medios de comunicación.
Cómo no se va a sentir herida la ciudadanía si a tanta noticia indeseable con que nos reciben radio, televisión y prensa, vinculada con desastres ecológicos, biológicos y económicos, se agrega, ahora, este deleznable testimonio de corrupción. A la escuela debe dolerle la noticia.
Basadre nos pedía trabajar para que nuestra labor contribuyese a impedir que el país se convirtiera en una chacra. Y desde muchas esquinas nos amenaza el lodo. Sí, estamos bien económicamente, y parece que la actual crisis internacional no podrá afectarnos gravemente. Estamos aparentemente bien. Pero si moralmente estamos oscurecidos, no hay manera de que nos reconozcamos felices. Si el espíritu no se sabe en plena actividad, no estamos libres. El espíritu está siendo vencido en todas las esquinas. Y a la esquina que más le tememos es a la económica. No tener dinero, no tener trabajo, son ciertamente dolorosas situaciones.
No tener moral es frecuentar la nada denigrante. Por eso la escuela debe tomar nota de todo lo que se agrega desde ahora a su trabajo ya recargado y poco eficiente. Lenguaje y matemáticas en pobre relieve, ciertamente. Lo dicen los exámenes. Y nos reduce el pavor saber que compartimos la desgracia con otros países.
Pero nos sentiríamos menos dolidos si pudiésemos reconocer que estamos salvando el espíritu. Los muchachos deben oírnos ahora, precisamente ahora. El papa Benedicto XVI, en un valioso discurso pronunciado en Francia, acaba de analizar cómo está dañada la cultura, cómo está el espíritu acorralado, cómo el descreimiento va envolviendo a la humanidad, al mismo tiempo que celebramos el triunfo estricto del dinero y de la máquina.
Insisto en que es la hora de la escuela. Frente a tanta noticia desgraciada, la escuela debe reforzar su deber de contribuir a que los jóvenes se descubran creadores de una realidad en que la claridad de la libertad y la justicia ayuden al individuo a realizarse y a construir su destino. No hay modo de que podamos corregir los errores de hoy, si perdemos la fe en la cultura. La cultura no tiene nada que ver con los efímeros dioses del consumo y el dinero. Tiene que ver con la fe en los valores. Y es tarea de la escuela, no de los bancos, no de las empresas, no de los pregonadores de la discordia, no de los cegadores del pueblo, no de los enfermos del ideal. La escuela es la casa donde el hombre aprende a gobernarse a sí mismo. Solo logrando ese triunfo podremos desterrar virus tan pernicioso.
Pero hay algo más que debemos tener en cuenta. Que ocurran estas cosas no solamente da cuenta del desprestigio que sufre la moral entre nosotros. Esto habla también del grado de cultura de nuestra clase dirigente. Tenemos una idea cabal del grado de educación cívica de que dan muestra quienes cautelosamente graban conversaciones con ánimo específico de malinterpretar los servicios efectivos de que nos permiten disfrutar los avances electrónicos.
Sí, es verdad que, como en muchas otras partes, nuestra educación está en declive, y son los campos de la lengua y de las matemáticas los necesitados de urgente revisión. Acá tenemos que agregar, con empeñoso esfuerzo, la educación cívica. Y debemos destacar, como marco augural de esa enseñanza, la moral de nuestros abuelos.
No se trata de que debemos inventar una moral. Hay que recordar la que habiendo heredado, hemos perdido. Ha habido (y hay) mucha gente decente cuyo nombre la escuela debe recordar como ejemplo para imitar. Pero verdad es también que lo ocurrido no solamente afecta a quienes aparecen comprometidos. Nos mancha a todos.
Y quizás convenga recordar un hermoso texto de Basadre: "A toda esta gente hay que combatirla, pero con el arma mejor que es el ejemplo contrario. Lo importante es no ceder a la tentación de participar en la feria de estos hombres. Querámoslo o no, pertenecemos a una misma familia todos los que de veras consideramos al Perú no como un festín sino como una tarea. Pero tarea quiere decir algo que debemos meditar, estudiar y resolver sin fórmulas previas ni recetas fijas" (Apertura, 509).



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